El pueblo de Calilegua renace

Lapachos en flor

 A penas 6 mil habitantes, una infraestructura aún insuficiente pero  un altísimo potencial turístico caracterizan a este pequeño pueblo rodeado de verde, donde en vez de palomas en sus plazoletas se ven tucanes. 

Calilegua empieza a planificar su futuro turístico. Con la ayuda de profesionales en turismo, y con una gran voluntad de sus dirigentes y pobladores, este pueblo pretende posicionarse en algunos años como la puerta de entrada al Parque Nacional Calilegua. Con una atmósfera tranquila, calles aún en construcción, una arquitectura que es el recordatorio siempre presente de otra época, Calilegua esconde algunos tesoros de otro tiempo, tal es el caso de la antigua casona  conocida como “La Sala”, que es hoy en día la casa más antigua de la provincia de Jujuy aún en pie (lamentablemente  no abierta al público). 

En pocas semanas Calilegua contará con su segundo alojamiento, que se suma a la hostería El Jardín Colonial, para alojar a visitantes de todo el mundo que elijen el pueblito para descansar y regocijarse con el canto de los pájaros, muchas veces pudiendo verse  mayor variedad en el pueblo que en el mismo parque nacional. 

En el mes de Septiembre, por primera vez, todos los concejales del pueblo y con la presencia de la Intendente Municipal y un profesional en desarrollo turístico egresado de la Universidad Nacional de La Plata, se han reunido con el objetivo de discutir la necesidad de incentivar el turismo y de planificar y desarrollar la planta turística. Para ello se encuentra en tratamiento un proyecto de ordenanza presentado por el Lic. en Turismo Luciano Carbajo, para revalorizar el patrimonio natural y cultural, lo cual sin dudas beneficiará a toda la comunidad. Protección del patrimonio arquitectónico, protección de la avifauna de la ciudad, creación de un ente de turismo, cartelería, revalorización de espacios públicos, son algunos aspectos contemplados en la ordenanza turística. 

Por lo pronto, el  pueblo de los lapachos y tucanes, ofrece tímidamente el encanto de su calle Sarmiento con su bien cuidada rambla, su museo de artes plásticas y acuna con orgullo a la Intendencia del Parque Nacional Calilegua. Sus visitantes no deben esperar un típico pueblo turístico, sino lejos de eso, arribar con la expectativa  de un lugar aún dormido, que poco a poco empieza a abrir sus ojos cerrados por más de cincuenta años. 

Calilegua se despierta lentamente buscando un renacer, ya no de la mano de la caña de azúcar que posibilitó su fundación, sino esta vez gracias al turismo como motor de crecimiento. No son pocos los que sueñan con su callecita repleta de bares y negocios de artesanías, restaurantes de comidas típicas y una modesta pero confortable capacidad hotelera, lejos de los lujos pero cerca de la calidez típica de la hospitalidad jujeña. 

Calilegua despierta con la esperanza de contribuir con el proceso de desarrollo turístico del ramal jujeño de los pueblos de las Yungas. Un proyecto que poco a poco lanza destellos de realidad.